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En la Fiesta de María Auxiliadora

(Dirigido a la Promoción XI del Colegio Don Bosco por Raúl Molina Mejía, Ex Alumno Salesiano de esta promoción)

Santiago de Chile, 24 de Mayo de 2.020

Compañeros de la XI Promoción, queridos y estimados exalumnos de San Juan Bosco:

En esta fecha, 24 de mayo de 2020, cuando como práctica establecida por Don Bosco conmemoramos la Fiesta de María Auxiliadora, momento de unidad y congregación de las familias salesianas del mundo entero, queremos agasajar colectivamente, como hijas e hijos queridos, a nuestra Madre celestial. Lo hacemos pese a la necesaria separación social que la pandemia del COVID-19 ha impuesto al mundo. No importan las restricciones, porque haciendo buen uso de la llamada “comunión de las y los santos”, podemos hoy acercarnos uno(a)s a otro(a)s, incluidos quienes han dejado la vida terrenal, para llevar juntos nuestras flores a María. ¡Que retumben las estrofas: “Venid y vamos todos, con flores a María, con flores a María, que Madre nuestra es”. ¡Felicito hoy a mis compañeros de promoción y a todas y todos los ex alumnos salesianos al unirnos con gran alegría! No somos ex alumno(a)s en Guatemala solamente los que pasamos por las aulas de los Colegios Santa Cecilia y Don Bosco y aprendimos a “amar a María Auxiliadora”. También están quienes pasaron por el Colegio María Auxiliadora, el colegio en el Guarda Viejo y el Filosofado, en la capital, y el Liceo Guatemala de Quetzaltenango, así como hoy hay estudiantes de la universidad salesiana.


Mis recuerdos se centran, sin embargo, en los edificios, viejos y modernos, de lo que hoy es el Don Bosco. Me remonto espiritualmente al primer año de Primaria en el Colegio Salesiano Santa Cecilia y allí me encuentro con Miguel Espinoza, Francisco Chanquín, Marcio Quiñónez y muchos niños más, todos temerosos del “padre sin cabeza” que aparecía en el viejo campanario, que luego serían mis compañeros de promoción del Don Bosco, y otros que se fueron apartando físicamente de nuestras vidas, si bien no de nuestras memorias. Pasaron los años a partir de 1951, y muchos acontecimientos fueron cambiando las condiciones de lo que era Guatemala, hasta llegar a la oscura fecha de julio de 1954, cuando fue cercenada nuestra Primavera Democrática. Fui obligado por las circunstancias a separarme en 5o y 6o grados de la comunidad salesiana; pero volví al colegio en 1956 para iniciar la marcha secundaria junto a un gran grupo de jóvenes (dos secciones) y graduarme en 1960 con algunos de ellos. No todos llegaron al 5o de Bachillerato; pero algunos nuevos amigos se incorporaron en esos años. Los que nos graduamos el 12 de octubre de 1960 constituimos la XI Promoción del Colegio Don Bosco. Todos sus integrantes intentamos contribuir con nuestros mejores esfuerzos a hacer de Guatemala un mejor país, aun quienes en la foto que mantengo en mi escritorio, murieron jóvenes, como Axel, Yela y Pilo, hace algún tiempo, o más recientemente, como Matamoros y León Gross (lamentablemente, han muerto también otros compañeros que no están en la foto).


Hoy no pudimos asistir al Santuario Expiatorio al Sagrado Corazón de Jesús, como los años pasados (en mi caso, he ido pocas veces, por mi vida en el extranjero); pero nos ha informado “Checha” (Roberto Valladares) que la misa dedicada a las y los ex alumnos se pudo escuchar en la radio. Me alegró ver que a la invitación circulada por Juancho respondieron con entusiasmo y cariño Checha, Salvatierra, Alvarado y Pinillos. Seguramente, junto con mi nota llegarán otras recordando el día de hoy. Me puse a pensar en el inicio de esta Fiesta, porque tenía el recuerdo de que cristianos en guerra con los musulmanes se habían encomendado a la Virgen María y habían logrado un importante triunfo en una batalla crucial. Esos fragmentos de historia los traslado como Anexo. En el presente, sabemos que podemos recurrir a la Virgen María como “Auxiliadora” y, como decía en nota anterior, de toda persona y no solamente de las y los cristianos (ortodoxos y católicos la veneran). Y ante una pandemia de enormes proporciones, con más de 5.5 millones de contagios del COVID-19 y acercándonos a los 350,000 muertos, tanto creyentes como no creyentes necesitan de su auxilio.


En Guatemala, las cifras de contagios y muertos son ya grandes, ya que al finalizar este día se anotan 3424 casos y 58 muertos; pero mucho más grande es la calamidad social y económica que cientos de miles de familias están sufriendo, con verdadera hambre y muchas limitaciones. Ahí es en donde las y los ex alumnos podemos ayudar. En días pasados se intercambiaron notas entre algunos compañeros de la Promoción acerca de la idea de generar un fondo para ayudar a quienes de nosotros pudieran necesitarlo. Es buena idea y, teniendo en cuenta que las calamidades en nuestro país seguirán ocurriendo, sería un fondo permanente, quizás pequeño pero disponible para mostrar solidaridad. Si se llegara a crear (y estoy dispuesto a aportar), sugeriría que le llamáramos “Marcos Mellado”. No obstante, aunque algunos compañeros puedan estar pasándola muy mal, hay muchísima gente que la está pasando peor. No dejemos de ayudar por medio de las múltiples vías que se han creado –fondos especiales, ollas comunitarias, etc. Cada quien encontrará la mejor manera de ayudar; pero ese gesto de compartir –no lo que nos sobra, como dice bien Nocha, sino que algo que sea necesario- mostrará, una vez más, esa solidaridad que ha estado presente en muchos momentos de la existencia de la XI Promoción. Les deseo lo mejor. Y que estén bien. Unámonos a las múltiples promociones del Don Bosco y a otras y otros ex alumnos para conmemorar nuestra Flor a María Auxiliadora el último día del mes. Espiritualmente, estaré en el Santuario junto a miles más.

Un abrazo fraternal, Raúl-Frank Molina Mejía

ANEXO: NOTA HISTÓRICO

Encontré en Wikipedia la información siguiente: “Hasta el siglo XIX, la advocación de María Auxiliadora se asoció fuertemente a la defensa militar de los bastiones católicos y ortodoxos en Europa, el norte de África y Medio Oriente frente a los pueblos no cristianos, muy especialmente los musulmanes. Precisamente bajo el pontificado de Pío V, los pueblos euro-cristianos reunieron una importante fuerza militar para detener en la batalla de Lepanto (1571) el expansionismo del Imperio otomano por el Mediterráneo occidental. Mientras la Liga Santa encabezada por España e integrada por los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya, derrotaron a la armada del Imperio otomano, el papa había pedido a toda la cristiandad que rezara el rosario. En gratitud por la victoria, el papa Pío V instituyó la fiesta de la Virgen de las Victorias, después conocida como la fiesta del Rosario, a celebrarse el primer domingo de octubre, y agregó el título «auxilio de los cristianos» (Sancta Maria Auxilium Christianorum) a las letanías lauretanas. Con la popularización que los salesianos hicieron de la devoción a María Auxiliadora en todos los países en donde se abrieron casas de Don Bosco, se dio el surgimiento de numerosos santuarios, entre los cuales el más célebre es precisamente el de la Basílica de María Auxiliadora en Turín. El título de María como «auxilio de los cristianos» forma parte hasta hoy de las letanías lauretanas”.


Se agrega: “El papa Pío VII, quien gobernó la Iglesia católica entre 1800 y 1823, fue el segundo Pontífice romano que daría una gran importancia a esta advocación mariana. Le correspondió los años de la consolidación del Imperio napoleónico. Firmó con Napoleón Bonaparte un Concordato que parecía garantizar la paz entre la Iglesia y Francia en 1801. En 1804 fue a París para la coronación del nuevo emperador, pero sólo pudo ungirlo porque Napoleón se impuso a sí mismo la Corona. Bien pronto las aspiraciones ambiciosas de Napoleón entrarían en contraste con la influencia de la Iglesia. En 1806 el papa se negó a sumarse a la exigencia de Napoleón de bloquear a Inglaterra, lo que condujo a una invasión francesa de los Estados Pontificios y puso en prisión al anciano papa de 77 años de edad, primero en Savona y luego en Fontainebleau en 1809. En su cautiverio, situación ésta que le causó un gran sufrimiento y deterioró bastante su salud, el papa prometió a la Virgen que si recuperaba su libertad y volvía a Roma, declararía ese día como solemne en honor de María Auxilio de los cristianos. Bien pronto la suerte de Napoleón cambió y Pío VII recuperó su libertad. Llegó a Roma el 24 de mayo de 1814 y cumplió su promesa. De este acontecimiento, viene la tradición de la Solemnidad de María Auxiliadora cada 24 de mayo”.


Finalmente, se menciona el papel de Don Bosco en venerar a María Auxiliadora: “La persona que más tendría que ver con la popularización de la invocación de María como Auxilio de los cristianos sería el santo educador de Turín, San Juan Bosco, quien veía el florecimiento de sus obras apostólicas y educativas entre los jóvenes como obra de la Virgen María. Don Bosco comienza a referirse a ésta con el nombre de María Auxiliadora a partir de 1860, año en el que relata que la Virgen le manifestó su deseo de ser honorada bajo dicho título y su voluntad de que se le construyera un templo. Es posible que este deseo de afidarse a María como «Auxilio de los cristianos» tenga su razón de ser en la difícil época que la Iglesia católica vivía en Italia con el avance de los movimientos nacionalistas que abogaban por la Unificación de Italia aún en contra de la existencia de los Estados Pontificios y por ende de la autoridad del papa. Don Bosco estuvo muy cerca del pontificado del papa Pío IX, el último papa-rey de los Estados Pontificios. El recuerdo reciente de la promesa hecha a la Virgen por parte de Pío VII prisionero de Napoleón a principios del siglo pudo inspirar en Don Bosco su devoción a una advocación que había probado éxito en los momentos más difíciles de la Iglesia. Bien pronto la expansión de las obras salesianas en los cinco continentes tendrían como consecuencia la internalización de esta advocación de origen estrictamente europeo. Por otra parte, fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora con el fin de llevar el Sistema Preventivo Salesiano a las muchachas y de honorar a la Virgen bajo dicha advocación”

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